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lunes, 6 de diciembre de 2010

Obsesión

En la oficina siempre tuve la desgracia de quedar ligeramente aislado del núcleo de actividades del resto del equipo de trabajo. O estoy atrás de una columna, o estoy en otro piso, o estoy al fondo donde no se puede llegar fácilmente, etc. Siempre estoy cerca, pero con alguna barrera conceptual que me separa un poquito. En donde estoy ubicado ahora no solo estoy separado ligeramente de mis compañeros de proyecto, sino que no tengo a nadie al lado. O al menos no lo tenía hasta hace un par de semanas. Y estoy seguro de que es un pervertido.

Oh, si.. mira ese codo adolescente... tan firme... tan sensual... súbete las mangas hijo...
Algo así. Pero diferente.


Tanto tiempo sin nadie en un radio menor a los 5 metros me ha convertido en una persona sensible respecto a mi espacio personal y al contacto físico humano accidental. Ahora que tengo a este merodeador permanente instalado al lado, inevitablemente el aura de mi percepción sensorial siente la presencia de un extraño en las cercanías, en particular cerca de mi codo derecho. Ocasionalmente algún cable, auricular, hoja, cuaderno o mochila toca mi codo, y eso me pone extremadamente sensible. Demasiado tiempo aislado del contacto humano, y ahora siento que en cualquier momento me tocan el codo, me paro, le parto la laptop por la cabeza al grito de “¡¡Soltame el cooodooo eeeennnferrrmmmoooo!!”.

KAPOW! PUM! TRASH! MIAU!
Algo así. Pero ninguno es un gatito. Y no estamos
en el bosque, estamos en la oficina. Y no lo
ataco con mi garra, sino con su propia laptop.
Y hay más sangre. Pensándolo bien, no se
parece en nada a esto.


A veces lo veo que habla por teléfono con un tal Jorge, quien asumo que es otro pervertido adorador de codos igual que él. Puedo sentir como clava su mirada lujuriosa en mi codo mientras le responde a su interlocutor, ansioso de tocarlo con un cable o con su propio codo, tan suave y ágil como sucia y pervertidamente. Creo que voy a empezar a venir de mangas largas a la oficina, estar sentado acá de mangas cortas mostrando el codo me siento como una zorra… COMO UNA ZORRA. Seguro le gustaría que viniera con algo que tenga un agujero en el codo, lo que el debe llamar “escote de codo” o “escodote”.

Había uno que decía "coditos con salsa de queso". Agradezcan que no exploré más esa idea.
La hora del almuerzo no es más tranquila.
Frecuentemente deglute productos como estos,
algo que para él debe representar un sensual
festín alimenticio.


Esto no pasaba cuando tenía a un conocido en el lugar de este acodosador. Seguro, había toques con el codo, incluso una exagerada cantidad de halagos y chirlos en los glúteos, pero todo de una forma inocente y masculina. Este sujeto de camisita mirando fijamente con deseo al punto de flexión de mis extremidades superiores es algo que me incomoda. También creo que se hace el que está trabajando y cuando puede me saca una foto del codo con el celular, lo hace creyendo que no me doy cuenta, pero que esté con los auriculares todo el día no me hace un ente desconectado de su entorno. Seguro en su casa tiene una habitación entera empapelada con fotos de codos que saca acá en la oficina, en el subte, colectivos, bares, etc.

Escena de "Grandes Codos Latinos" Escena de "Codos Adolescentes Calientes"
Seguro esto lo excita. Y seguro que se baja películas de rehabilitación
de lesiones en el codo. Y va mucho al traumatólogo.


Empiezo a creer que me está afectando incluso fuera de la oficina. El fin de semana tuve que pedir indicaciones para llegar a una heladería, y quien tan gentilmente me daba instrucciones sugirió como camino “seguí derecho dos cuadras, hacé el codito y doblá a la derecha” pude sentir como se me bajaba la presión. Presa del pánico, golpee a ese anciano con su propio andador y corrí por mi vida. Mientras corría me pregunté a mi mismo porque esa obsesión erótica con los codos, afortunadamente la internet tenía la respuesta: un codo bien flexionado se parece a un culo:

Para mi que es un codo.
La eterna pregunta de la humanidad:
¿Culo o Codo?

jueves, 18 de noviembre de 2010

Natalicio

El ritual de llegada a la oficina es siempre el mismo: llego, me sirvo café, me sirvo agua, abro el cliente de correo electrónico corporativo y veo siempre ese mail-corporativo-que-no-es-spam-pero-que-en-otras-circunstancias-si-sería-spam que anuncia en tono rimbombante “¡Cumpleaños!”. Diariamente llega esta notificación, dispuesta sobre una imagen de globos y confeti, que nos recuerda quienes cumplen años el día de la fecha. Claro, esto sirve a dos propósitos: que el homenajeado sienta que al menos una máquina sin emociones se acuerda de su cumpleaños; y que sus compañeros de trabajo se acerquen a saludarlo con la doble intención de ver que trajo para comer o hagan el reclamo pertinente en el eventual caso que quien debería estar de festejo en su casa no haya tenido presente entre sus obligaciones para el día de la fecha satisfacer el hambre ajeno.

Uno de los tres necesita aflojarle a los sanguches. Adiviná cual...
(nom nom nom) ¡¡Feliz (nom nom nom) cumpleaños!!
¿Vos quien (nom nom nom) eras?


El día de hoy reviso esa lista de proveedores alimenticios gente cumpleañera, y me encuentro con un sujeto llamado “Ofir”. En serio, “Ofir”. Por un lado, ¿cuan mal padre se puede ser para nombrar a tu hijo “Ofir”? Por otro lado ¿cuan buen padre hay que ser para ponerle a tu hijo un nombre que sería más apropiado para un ser mitológico?

+1 para Rafita por el uso creativo de un cucurucho para improvisar un disfraz
Él también es un ser mitológico


Personalmente, al pensar en el nombre “Ofir” inmediatamente tengo la imagen mental del dios de la almohada. Los griegos y nórdicos tenían dioses para todo, y me resulta poco comprensible que luego de depositar tanta sabiduría en las almohadas del mundo mediante el uso de la expresión “lo voy a consultar con la almohada” con excesiva frecuencia, las mismas no tengan un dios propio a quien al menos poder consultarle algo de vez en cuando.

Escena relacionada: las chicas del camping een Jason X
“Ofir” y un amigo expresan su ira con la raza humana
haciendo una tradicional lucha de almohadas


Para quienes todavía no estén convencidos de la posibilidad de “Ofir” como un dios mitológico, escuchen lo bien que suena en el contexto adecuado:

El cielo sonó en un estruendo ensordecedor, y de entre las nubes se escuchó la voz de Ofir proclamando “por su ofensa, no volveréis a dormir en paz, vuestras almohadas serán arruinadas para siempre”. Y así fue como tuvimos que inventar la Cervical Rest.

 

Dude, you have a nipple on your face
Aprovechamos que de todas formas el dios de la almohada
ya estaba enojado, e hicimos esta abominación. Los más
cancheros insisten en usar la expresión “lo voy a
consultar con las mellizas
”

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