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jueves, 4 de noviembre de 2010

Visitantes Inesperados

En el último tiempo algo particularmente destacable afectó la vida de la mayoría de los argentinos, y si bien para la mayoría el trámite fue más rápido de lo que esperábamos la expectativa al respecto fue tan grande que ocupó hojas enteras de diarios, horas enteras de transmisión televisiva e infinitos cafecitos de oficina. No hablo del hecho que la Mole Moli haya ingresado al programa “Cuestión de Peso”, suceso que podría marcar la retirada definitiva de ese Shrek humano del mundo del boxeo, sino que me refiero al censo nacional.

Censo Ferrari Censo Francesecolli
Cada 10 años se homenajea a Censo Ferrari y
a Censo Francescolli, por eso el feriado.


Pero todo este asunto de vanguardia estadística estuvo teñido por el opaco e indeseable color de la inseguridad que todo mancha a su paso, y que está vigente con mayor fuerza que nunca. Los medios indicaban que la gente “tenía miedo” del censo y de que malhechores haciéndose pasar por supuestos encuestadores lograsen ingresar a nuestras viviendas para robarnos el LCD del que todavía debemos unas 45 cuotas. Comenzó el pánico, enormes cantidades de personas diciendo que van a responder el censo por el intercomunicador o con la puerta entreabierta, los canales oficiales insistiendo en que no hay que llegar a tales extremos y que “los que no se censen se van a tener que meter la planilla en el ojete”. Los más delirantes tenían miedo de ser embaucados por los encuestadores y que en realidad se tratase de Testigos de Jehová que, una vez instalados cómodamente en el living, se dediquen a lavar las mentes de los “encuestados” en forma progresiva.

El bigote de Anibal Fernandez tiene su propio bigote. Es lo más elegante que vi en toda mi vida.
El bigote de Aníbal Fernandez dijo que se trata solo de una
”Censación” de inseguridad.


¿Pero cual es el problema en tener un perfecto extraño en casa haciendo preguntas medio boludas como “¿El baño tiene cañería y salida a la cloaca?” o “¿Pasó alguien la noche en la residencia?” (las respuestas correctas a ambas preguntas son “No, vivo en un 7mo piso, pero cago adentro de un balde y después lo tiro por el balcón” y “Si. TU VIEJA”)? En realidad no es ningún problema, nuestros hogares son permanentemente invadidos por extraños de todos las variedades… o al menos eso es lo que las publicidades intentan hacernos creer.

Miren, es Johny Bravo!
- ¿Amor? ¿Que está haciendo Mr. Músculo en el dormitorio?
- Me está desengrasando el horno.
(tiene doble sentido… piensen)


Según las pautas publicitarias de los últimos años es perfectamente normal que cualquier boludo o colección de boludos se materialicen absolutamente de la nada en nuestros hogares siempre y cuando vengan con el endorsement de algún producto. Así, Mr. Músculo entra por la ventana sin preguntar si ve que tenemos problemas en la cocina; la morochita de Vanish se nos aparece en el lavadero si ve que tenemos una mancha difícil de sacar; la tropa de tarados de Colgate se meten en el baño cada vez que te mirás fijo al espejo más de 2 segundos; y diversos sujetos pelados aparecen tras la puerta de la heladera si tenemos que hacer que la tarta sea “más liviana” (aparentemente Casancrem puede torcer las leyes de la gravedad y hacer que el agregado de queso crema facilite la flotabilidad de los comensales).

Hola bombón, soy la gota de Magistral
Ocasionalmente la situación se pone sobrenatural y te
aparece la gota de Magistral. Es como el unicornio de
los detergentes o algo así.


Otra cosa que aprendimos es que si te toca el timbre cualquier salame como Fabián Gianola o Anita Martínez y te propone un “desafío”, la gente los deja entrar sin problemas, hasta les deja a su cuidado a los niños y les da ropa interior sucia con suficientes muestras de ADN como para que nos puedan clonar sin problemas. Si permitimos todo eso solo para ver si nos regalan un paquetito de Ariel y un repuesto de Harpic… ¿Porque carajo hubo gente que no quería dejar entrar al censista?

lunes, 15 de marzo de 2010

Call Center

El hombre tiene dos fijaciones particulares respecto a las mujeres: por un lado creemos que tocarles bocina es un piropo muy fino y delicado; y por otro creemos que tener el número de teléfono de una mujer es un pase directo a llamarla e inmediatamente tener relaciones sexuales con ella. No digo que suceda siempre de esa forma, pero es un común denominador. Esta necesidad de poseer números de teléfono ajenos durante mucho tiempo implicó el acarrear una agenda y una lapicera a todos lados, al menos para los más organizados, los que siempre vivimos surfeando la ola del “no se que va a pasar dentro de 15 minutos” llevamos solo la lapicera y nos vamos tatuando los números de teléfono en el brazo solo para llegar a casa y descubrir que la tinta fue absorbida por la piel o, en su defecto, por la remera nueva que ahora luce una adorable mancha azul en el costado izquierdo.

Ace
Fabricado para boludos como vos que se
manchan la ropa y quieren que les sople
la nuca Fabián Gianola


Con el correr del tiempo afrontamos la derrota que supone que la mayoría no esté dispuesta a darnos su número de teléfono privado y nos hemos vuelto más proactivos al respecto: ahora somos nosotros quienes vamos por la vida dando nuestros números de teléfono a cuanta damisela de glúteos firmes se cruce en nuestro camino en la esperanza oculta de que alguna, al menos una siquiera, nos haya considerado lo suficientemente interesantes y atractivos como para llamarnos. Sin embargo, andar por la vida diciendo “dale, anotá.. uno, cinco, cinco, dos, cuatro…” es lo menos glamoroso que hay y probablemente sea un esfuerzo inútil en pos de los flacos resultados que semejante actitud podría obtener. Por eso, inventamos la tarjeta de negocios.

1508 - male ringing business card
No importa que diga la tarjeta, el mensaje que queremos
transmitir es el siguiente: “Estoy disponible”


Recientemente me encontré con el caso de una dama quien, en virtud de su nuevo lugar de trabajo y los nuevos contactos realizados, ahora posee una generosa colección de tarjetas de negocios, todas pertenecientes a ingenieros, en su cartera. Seamos honestos, la situación es totalmente comprensible dado los atributos físicos y la simpatía que desborda la persona de quien les estoy hablando: cualquiera se sentiría tentado de darle una “tarjeta de negocios” aún sabiendo que su estado civil y el anillo en la mano izquierda indican que es casada. Lo que no comprendo es porque un ingeniero tendría una tarjeta de negocios.

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Tengo que reconocer que de todas formas es
bastante impresionante.


Entiendo tener una tarjeta de negocios de un plomero, o de un service de lavarropas, o incluso de alguien que repare ascensores: uno podría encontrarse en una situación en la que necesite un plomero con urgencia y celeridad ante una emergencia, o en la que necesite ser rescatado de un ascensor cuanto antes para evitar orinarse encima y la posterior humillación pública; pero… ¿en cuantas ocasiones uno requiere los servicios de un ingeniero AHORA MISMO? Seamos honestos, cualquier producto de ingeniería medianamente serio requiere al menos unos años de trabajo, ¿que posibilidades hay de que uno requiera de contactarse con un profesional del rubro con absoluta desesperación y apuro?

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¿Hola? ¿Ingeniero? Si… le comento… tengo un edificio
que se cayó, sabe, está de costado. ¿Lo podrá enderezar
para viernes a última hora o sábado a la mañana?

miércoles, 8 de julio de 2009

Space Invaders

Ocurre con cierta frecuencia y la mayoría de las veces sin previo aviso: nuestros santuarios son invadidos por seres de toda índole. Pero no hablo de seres extraterrestres, colonos ingleses, el bendito virus de la Gripe A o tropas alemanas (aunque si uno es un habitante de Polonia, ha visto esto último suceder en más oportunidades de las que le gustaría recordar), hablo de los parientes, amigos y/o conocidos que caen sin previo aviso en horarios sospechosamente cercanos a la cena o el almuerzo. Uno los tolera porque les tiene cierto afecto, pero cierta sensación de conquista territorial fluye entre ideas como “ahora vamos a tener que pedir una pizza” o “espero que se vayan temprano”.

Sin embargo, monstruos mucho más malévolos se animan a tocar el timbre y entrar a nuestros hogares, acompañados de hordas de seres igual de molestos que ellos pero ligeramente más silenciosos.

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“Un día de estos voy a tocar el timbre en SU casa. Y no hay nada que pueda hacer para evitarlo, maldito cerdo comunista”


Las propagandas de jabón en polvo para lavar la ropa siempre tuvieron un común denominador: seleccionan un ama de casa al azar, la someten a mostrar las medias sucias para luego lavarlas con el producto en cuestión y demostrar cuan blancas quedan. Pero, apoyados en los fundamentos de (a)Crisis Financiera, (b)-El 80% de los hogares ya tiene lavarropas y (c)-No saben como explicar que un lavarropas funcione en un parque o la mitad de la calle sin enchufe o una toma de agua cerca; consideraron oportuno no usar más sus propios lavarropas para hacer la demostración y hacer toda la promoción directamente en la casa de alguien seleccionado totalmente al azar. No me imagino que sucederá en su casa, debe ser un tipo muy jodido el Gianola ese. Me imagino a su esposa con el bollo de ropa sucia en las manos acercándose al lavarropas, para ser interrumpida por Fabián que le quita la ropa para empezar a embadurnar la misma con ketchup, barro, vómito de oveja y dejarla hecha un asco, claramente afectado luego de tantos años de hacer publicidades de cuarta. Cabe mencionar que el lavarropas lo tiene convenientemente instalado en el pasillo, alejado de cualquier posibilidad de alimentarlo con electricidad o agua.

Más entendible es la situación de Anita Martinez y su producto para inodoros. Sería muy complicado instalar un inodoro en el medio de la calle y pedirle a la gente que deliberadamente lo ensucie de forma creíble y al mismo tiempo agradable a la cámara. Tengo entendido que como único requisito hacen firmar una declaración a los habitantes de la casa en donde dejan testimonio de no haber comido nada que promueva el tránsito intestinal intenso.

afinal 
“Me encanta limpiar baños ajenos, no importa cuan desagradable o repulsivo sea lo que flote dentro; y luego sentir el olor que me queda en los pulgares”


Hasta ahora vamos bien, son dos freaks que se meten en tu casa sin preguntar demasiado primero. Los que vamos a ver ahora son mucho peores, mucho más invasivos, molestos e inoportunos:

Colgate caminando por la delgada línea que
separa la ciencia del acoso


En primer lugar, si tuvieran algún mínimo aprecio por sus insoportables existencias, no entrarían al baño de un desconocido de esa forma. Podrían encontrarse con situaciones y aromas intolerables para cualquier ser humano ajeno al entorno. En segundo lugar, ¿Hace falta que mientras me cepillo los dientes entren un montón de científicos con micrófonos, cámaras y esa insolente morochita de lentes que habla rápido y como una cotorra? Además, tengo mis serias dudas de que sean científicos, ninguno tiene un tubo de ensayos o un laser en la mano, estoy seguro de que es una tomada de pelo y no algún tipo de asistencia experimental a mi salud bucal. En tercer lugar, si los veo entrando así al baño los golpeo hasta la muerte con la tapa del inodoro al grito de “¡¿Esto les parece fresco?! ¡¿Esto les parece fresco, acosadores dentales?!”

Pero te regalan un dentífrico gratis, y eso está bueno. Quedan perdonados, pero por favor golpeen antes de entrar.

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