viernes, 6 de noviembre de 2009

Mentes Peligrosas

Si me engañas una vez, es culpa tuya.
Si me engañas dos veces, es culpa mía.
Si me engañas n veces, es un algortimo.


¿Y si me engaño a mi mismo? Soy siempre culpable, porque lo hago a propósito y soy consciente de que me estoy engañando, entonces en realidad no me estoy engañando, me estoy auto-convenciendo de algo que no es real. Pero... ¿Y si me engaño a mi mismo sin darme cuenta de que me estoy engañando? He aquí el asunto que hoy nos ocupa, la capacidad para mentirnos a nosotros mismos en ciertas oportunidades. Y ser tan tarados como para no darnos cuenta.


CUIDADO
Esta máquina no tiene cerebro, use el suyo.
¿Y para que quiero la máquina?



A todos nos ha pasado: despertarnos por la mañana, vestirnos, peinarnos, desayunar, tomarnos el colectivo, escuchar la alarma de un auto cada vez más fuerte, sin comprender que está sucediendo, finalmente despertarnos sobresaltados y observar como el reloj marca que nos estamos levantando con más de 45 minutos de retraso: todo ese dejo de responsabilidad que sentíamos era ficticio, virtual, simulado, una mentira elucubrada por nuestra mente para que sigamos durmiendo. Una vez despiertos, empezamos a comprender porque de golpe el colectivo se convertía en un barco o la persona sentada a nuestro lado era Polino. Nos guste o no, nos hemos mentido a nosotros mismos como unos tarados. ¿Los motivos por los cuales la mente nos juega esta mala pasada? Estamos a punto de develarlos.


El viejo duelo de la mente contra el cuerpo.



La mente y el cuerpo no se agradan, eso lo sabemos todos, y es por eso que la mente se dedica a engañar al cuerpo permanentemente. Distorsiona la imágen en el espejo para que nos veamos flacos cuando estamos gordos,distorsiona el tamaño de las porciones para que creamos son más pequeñas, y también nos hace creer que estamos despiertos y activos cuando en realidad seguimos en profundo reposo sostenidos en los brazos de Morfeo. Esta técnica le permite al manojo de neuronas alojado entre nuestros oídos seguir descansando unos momentos más, aunque en realidad sus motivos son mucho más oscuros. Nuestro subconsciente odia cada uno de los aspectos de nuestra vida, se está revelando contra los mismos y planea destruir nuestra vida vacía y llena de disgustos.


Bueno cerebro... yo no te agrado
y tú no me agradas...



Odia nuestro trabajo, odia tener que venir hasta nuestro trabajo, odia a nuestro jefe, a nuestros padres, al vecino, la carrera universitaria que elegimos, hasta los cubiertos que compramos en Colombraro. Odia todo. Nuestra mente es como un pequeño emo-flogger deprimido con sed de venganza. Por eso insiste en que sigamos durmiendo todas las mañanas, para que nos quedemos dormidos y lleguemos tarde, nos despidan del trabajo, reprobemos materias o nos olvidemos de pagar la expensas y de esa forma contribuir a hacer nuestras vida aún más miserables. En cierta forma, es como vivir con el enemigo.

3 comentarios:

ger dijo...

uy, yo creo que en mi caso es al revés, mi cuerpo no responde a los llamados del cerebro porque necesita descanso!

Penelope dijo...

Dice WH Auden: (...) Me resulta imposible actuar en la ignorancia, porque mi mundo es, por definición, aquello que conozco; ni siquiera es posible, en términos rigurosos, que me autoengañe, porque si sé que me estoy engañando ya no lo estoy haciendo, de modo que nunca puedo creer que ignoro qué es lo bueno para mí.
Pero eso dice él, que se yo....yo te banco, los olvidos, las llegadas tardes....mente perversa!

Disenchanted dijo...

Creo que esto es lo más develador que leí en mucho tiempo...TENES TANTA RAZÓN!...
we are SO screwed up.

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