miércoles, 10 de febrero de 2010

Hermanos Menores

Miércoles teñido de gris por la capa de nubes que ocultan la presencia de un sol que obviamente está allí arriba como lo ha estado desde que el tiempo es tiempo pero que dadas las circunstancias no es directamente visible, 19 horas, mujer cuyo atuendo delata que proviene de la oficina ingresa al consultorio del psiquiatra tras escuchar su nombre retumbando en las paredes de la sala de espera al anunciarlo una secretaria que, a juzgar por la combinación de prendas que cubren su desnudez, bien podría ser ella. No llega a saludar al profesional de la salud y rompe en el llanto honesto y característico de quienes lo han tenido atravesado en la garganta desde hace al menos unas horas. El psiquiatra le alcanza una caja de pañuelos descartables y es interrumpido por el relato de la mujer, mucho antes de llegar a hacer la pregunta obligatoria de “Cuénteme que le pasa”: “No puedo tolerarlo más, doctor… me sigue a todos lados. Sabe todo de mí, lo que me gusta y lo que no, me deja comentarios anotados a donde sea que vaya, mira mis fotos durante horas, sabe donde estuve, donde estoy ahora y donde es probable que vaya en unas horas, comparte su música conmigo, sus ideas, toda su vida se me es revelada sin que yo lo así lo pretenda, de la misma forma en que el investiga cada uno de mis actos”.

Con tono serio y cejas cerradas sobre sus ojos en claro gesto de preocupación y profundo análisis, el psiquiatra intenta esclarecer la situación: “¿Estamos hablando de un acosador? ¿Esta persona es violenta con usted de alguna forma? ¿Sabe si la está esperando afuera ahora mismo? ¿Ha intentado comunicarse con la policía?”. El llanto cesa tan abruptamente como empezó, y sorprendida la mujer anónima, que probablemente se mantenga así durante el resto del relato, aclara “No… no… me sigue en internet: me sigue en Facebook, Twitter, Blogger, Google Buzz, Ning, Blip.fm, Live!, Google Reader, MySpace, Orkut, 4Square, Farmville… ¡En todos lados! ¡No puedo hacer nada sin que él se entere!”.Siendo ese el caso, lamento decirle que no la puedo ayudar en el consultorio, así que le voy a pedir que se registre en Psiquiatría On-Line, se haga un par de amigos dentro del sitio y hagan terapia de grupo todos juntos. Pueden compartir fotos de como lloran, hacer un montón de tests al respecto y enviarse unos a otros pastillas de Rivotril virtuales a modo de regalo” “Pero doctor…  ¿y si también me empieza a seguir ahí?” “No puedo prometerle que tal situación es imposible, así como tampoco puedo hacer mucho para evitarla. Verá… el gran problema con las redes sociales no es el vetusto concepto de Big Brother o “Gran Hermano” que George Orwell inventó hace más de 50 años, el de un solo que todo sabe de nosotros sino los infinitos hermanos menores que se reparten pedacitos de nuestras vidas.

03sabckramers¡Gracias Internet, hiciste que todos las
orden de restricción en mi contra sean
prácticamente inútiles!

1 comentario:

Lukas Rybensen dijo...

Está bueno. Me gusta la idea de diferenciar las voces del diálogo con distintos colores, es muy Python.

Por otro lado, creo que aún este Gran Hermano Menor hay un espacio para la libertad y la intimidad, uno no necesita exponerse aunque casi todos lo hagan/hagamos.

Un abrazo

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