lunes, 6 de julio de 2009

La Balada del Hombre Cosmo

Quiero que el público lector masculino lo asuma: alguna vez leyeron una revista Cosmopolitan. Y no digo de hojearla a ver si había fotos de minas lindas, estoy hablando de realmente sentarse a leer las notas y prestar atención al contenido; contenido claramente mucho más sexual y erótico de lo esperable en una publicación orientada al público femenino, a pesar de que la tapa lo anuncia a viva voz: “170 Formas de hacer explotar a tu chico en la cama”. Ahora que lo pienso, es muy boludo de nuestra parte no tener una suscripción de por vida y que mensualmente llegue a la puerta de nuestro hogar para poder recogerla y entregársela a nuestra pareja de turno mientras expresamos un “Toma, a ver si aprendes algo nuevo”.

Sin embargo, no importa cuanto se nutran de la lectura, avisos, consejos, productos y publicidades que contiene la “Cosmo”, las habituales lectoras no se parecen demasiado al prototipo de mujer que la revista intenta promocionar. ¿Realmente cuantas mujeres se la pasan en el spa, se ponen todas las cremas, hacen las dietas acompañadas de la rutina de ejercicios, compran la vestimenta y accesorios, llevan a la práctica los consejos sexuales o tienen el life-style del prototipo de Chica Cosmo? Pocas, o casi ninguna. Por eso, estamos en condiciones de asegurar que las denominadas Chicas Cosmo en realidad son todas aquellas que no representan el modelo de chica urbana promocionado en la revista.

eva 
Una verdadera Chica Cosmo que se ofreció a representar al 0,0000000001% de la población mundial


Con este concepto en mente, les quiero presentar al Hombre Cosmo, el hombre que no respeta el estereotipo del “macho” y dentro del cual me incluyo. A no confundir con los metrosexuales, esos son una especie totalmente separada. El Hombre Cosmo es aquel que ha tenido que dejar de lado ciertas cosas propias de los hombres para adentrarse más en el terreno familiar y vínculado históricamente con las tareas correspondientes a un ama de casa. Así el Hombre Cosmo lava la ropa, la tiene, hace la comida, lava los platos, ayuda a limpiar, mantiene todo ordenado, pero todo sin perder su masculinidad. Es decir, no va a salir corriendo a teñirse el pelo, ni a verstirse con otra ropa “porque la tela tiene mejor caida”, ese tipo de tareas se las dejamos a los metrosexuales y a los gays. El Hombre Cosmo sigue mirando fútbol y carreras de autos mientras toma cerveza, pero usa posavasos para no marcar los muebles, muebles que ayudó a limpiar el día anterior.

magazine-cosmopolitan 
Yo diciéndole al mundo que está bien ser un Hombre Cosmo, justo antes de ser brutalmente atacado por un montón de hinchas de Chacarita que no están de acuerdo y piensan que soy un bala


Ser Hombre Cosmo no significa perder la masculinidad, significa preservarla pero agregarle un ama de casa. Pero nada de ponerse delantal para cocinar, eso si es de maracas. He dicho.

3 comentarios:

Etereo Desliz dijo...

yo vendría a ser una chica "cosmo trash" es decir, confieso que leo la cosmo pero la compro usada a $2 en la estación constitución, uso todas las cremitas y boludeces que promocionan ahi (y si, las cremitas funcionan!), una vez fui a un spa y me aburrí, no hago dieta porque no la necesito hacer, no hago ejercicio porque siempre tengo fiaca, no uso tácticas cosmo para conquistar tipos pero las leo de cínica nomas, no leo los tips sexuales porque ultimamente incluyen meterles vibradores a los señores por la cola (o sea, soy consciente de que si intentara eso me ligaría una buena piña) etc...tenés razón, la chica cosmo no existe...y las pocas señoritas que doy fe que siguen todo el cliché de la revista al pie de la letra, igual son gordas pedorras así que tampoco categorizan.
Si sos un hombre cosmo (de la manera en la que describiste que eso significa) entonces mil felicitaciones, que no decaiga!
Saludosss

Tyler Durden dijo...

Jajajaja listo, a este post le sigue un ALUD de pretendientes!

Mariano dijo...

Apoyo tu cruzada, pero decime, ¿es necesario la receta para comentarios que está acá arriba?

Me voy a pasar el plumero. Abrazo de macho.

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