martes, 29 de septiembre de 2009

Realidades Sobre Realidades

Todos tenemos una percepción del mundo total y absolutamente personal, aunque no única, puesto que es frecuente encontrarnos con personas que compartan nuestra forma de ver las cosas. Afortunadamente, es igual de frecuente encontrarnos con personas que piensen exactamente lo opuesto o incluso con aquellos lo suficientemente creativos como para tener una visión transversal del asunto. La cultura, las experiencias vividas, la forma en que nuestros sentidos nos transmiten información y nuestro cerebro la procesa en función de la información disponible de antemano, la memoria, todo ayuda. Pero fundamentalmente las perspectivas se desarrollan en base a imaginación y la creatividad.


Cero sentido hablar de creatividad e imaginación y
darles el chiste ya hecho. Pongan lo que más
gracia les de en este mismo momento.


Un ejemplo clarísimo de esto es lo que ocurre cuando uno lee un libro y eventualmente hacen una película al respecto. En forma inmediata tendremos gente dispuesta a crucificar al director por no compartir su misma visión; y en la vereda opuesta tendremos gente dispuesta a ponerlo en un altar y llenarlo de regalos por haber hecho lo que ellos consideraban correcto. Ambas visiones son correctas e incorrectas al mismo tiempo. Correctas porque las percepciones personales son siempre correctas, por eso son personales; e incorrectas porque negar la realidad de los otros es una forma demasiado poco constructivista de ver la vida. Me recuerda mucho a un pequeño juego que algunos terapeutas suelen hacer, y consiste en poner un montón de personas a imaginar una situación en conjunto, pero con una sola regla clara: ninguna de las ideas propuestas puede anular o contradecir una de las realidades o ideas propuestas por otros, solo pueden construir positivamente sobre esas realidades. Se me antoja debe ser una experiencia tan dificil como fructífera en materia de psicoanálisis.


Ladrillitos Lego hechos de más ladrillitos Lego.
Constructivismo en estado puro.


Imaginemos por un momento la situación opuesta: una película basada en un libro que termina siendo exáctamente como todos los que leyeron el libro esperaban. Esto, si bien habla maravillas del autor original en cuanto a la claridad del texto, y del conjunto director-guionista que las interpretó majestuosamente, habla pestes del público. Habla de un público falto de imaginación, ninguno pudo salirse de lo que ya estaba estipulado, ninguno pudo salir del cuadro preestablecido. En cierta forma, creo que la televisión actual nos está llevando en ese sentido, pero ese es un tema de debate diferente que no pienso abarcar aquí. De todas formas podemos quedarnos tranquilos de que eso no sucedería nunca: Hollywood tiene formas de ajustar siempre la realidad a lo que ellos llaman elementos de marketing y de los cuales no están dispuestos a desprenderse fácilmente. Sin ir más lejos y según tengo entendido (no ví nunca les películas ni leí los libros), Harry Potter en los libros tiene ojos verdes y en las películas tiene ojos azules. Para algunos semejante cambio es inaceptable mientras que para otros es perfectamente tolerable. Solo eso alcanza para dividir las aguas, los ánimos y las mentes.


¿Como esperan que la trama sea la misma, cuando no
respetaron siquiera la tapa?


Para los argentinos, el mayor sentido de la percepción propia viene de la mano de una historieta, probablemente uno de los elementos culturales más importantes que tenemos y que más nos define como país. Hablo, clarísimo está, de Mafalda. Creo que es la más perfecta carta de presentación que podríamos tener ante una pregunta del talle de "¿Y como son ustedes los argentinos?": simplemente les regalamos un tomo cualquiera de la colección e indicamos su lectura. Todo lo que necesitan saber está ahí. Los personajes de la tira, además de color, renegaban de la falta de voces identificables (cosa muy complicada de colocar en un medio impreso, dicho sea de paso), por lo que la forma de expresarse de cada uno de ellos, y particularmente de Mafalda, está muy ligada a la invención que cada uno hizo en su momento. Y es tan propio y personal que el 100% de los que han visto los videos animados de Mafalda (si, claro que existen, pueden buscarlos en YouTube), a todo color y con voces incluídas, aseguran que esa no es la voz "real" de la niña, sinó que la que tenían en la cabeza era totalmente diferente.


Una niña de 8 años nos conoce mucho mejor
que nosotros mismos


Pero tengo una teoría en porque nadie reconoce la voz de Mafalda como la "real". Creo que esa pequeña voz realmente no es algo que creamos o imaginamos, es algo que ya estaba allí desde antes y a lo que solo le pusimos una carita fácilmente reconocible: Mafalda no es un personaje, Mafalda es nuestra propia conciencia.

3 comentarios:

ger dijo...

sin duda, yo no pienso ver películas ni nada de Mafalta, te arruinan la idea que tenías armada en la cabeza..

ya lo intentaron con patoruzito

Fran dijo...

Bastante que al pobre Harry actor le hicieron, le faltaba lentes de contacto!

Disenchanted dijo...

Por eso siempre es mejor quedarse con una cosa o la otra; ultimamente si hay una película basada en un libro que quiero ver, prefiero mirarla directamente. O si ya leí el libro y me gustó mucho, estoy resignada a que la peli no me va a gustar. Basta con que todos sepamos que la forma de arte original no se puede comparar con nada basado en ella...

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